February 18, 2005

Semana del 11/02/05 al 18/02/05

Con esto inauguro la sección Para mi yo futuro, vete a saber lo que durará. Por favor, absténgase de leer si no le interesa mi vida, bueno, le dejo leer 100 palabras, no más.

Viernes, cena en un japonés de la calle Velia junto a R. y M. y S. y R. Me tienta un plato llamado “Filete a la plancha con patatas” pero finalmente me pido tallarines y merluza. Nota: Aprobado. Seguidamente vamos al Venecia y ganó dos partidas de parchís: tres hechos extraordinario: jugar al parchís, ganar, volver a ganar. Evidentemente duermo con mi muñeca hinchable, que hoy tiene dolor de cabeza.

S. y R. no están demasiado preocupados por lo del socavón de la Línea 5 en el Carmel, solo lo suficiente. Se pusieron un poco nerviosos con el desalojo frustrado que vivieron. No saben si tranquilizarse por vivir encima de un agujero relleno de hormigón.

Miércoles, es alemán, se llama Christian y utiliza un objeto punzante dentro de mi boca. No es que me quite el sueño ir al dentista, pero eso de ir a las tres de la tarde jode mi siesta. Me va a tocar unas cuántas veces. Jodido seré.

Jueves*, he quedado con un cliente para después reunirnos con un abogado. Este último piensa que el cliente y yo nos conocemos de toda la vida, pero en realidad solo hemos hablado por teléfono. Quedo en el Sandor*, el cliente vestirá con chaqueta azul marino (con marejadilla) y pantalón gris. Yo seré el hombre del traje gris. A los diez minutos de esperar en la puerta entro a tomar un cortado, hace un frío que pela a pesar de que el hombre del tiempo no ha dicho nada de olas polares o siberianas.

A los cinco minutos y después de ser 1,80 céntimos más pobre se me acerca el cliente. Llevaba un rato en el bar y había abordado a otro hombre del traje gris. Cuando le intentó vender una enciclopedia se dio cuenta del error. El cliente me confiesa que le gusta mucho Pepe Carvallo, el detective de Manuel Vázquez Montalbán. Acabamos la tarde en un matadero de pollos, pero salgo vivo.

Esta semana he dormido como un tronco.

* La anécdota es de mi padre.