Tras una hora de estar boquiabierto ya no podía tener los ojos abiertos, necesitaba relajarme. No lo conseguía analizando la estructura de “Candle in the Wind”, que sonaba en el hilo musical, ni visualizando mis movimientos en el fútbol, como hago en la cama (para relajarme (hay que ser redundante)) después de un partido.
No ayudaba la enfermera que, de tanto en tanto, tenía a bien de apoyar su vientre en el mío mientras me introducía en la boca aparatos que no sé nombrar. Yo boquiabierto, ella, en mi costado, abierta de patas para trabajar mejor, sin pedirme, como hizo el primer día, que retirara el codo que se le clavaba en un lugar que, dado lo delicado de mi situación, ahora no sé precisar.
Mi riego sanguíneo estaba confuso. Entre las piernas de la enfermera, el dentista pidiéndome cada tanto que abriera más la boca, que no moviera tanto la lengua y que bajara mi cabeza un poco más y un amago de erección con pantalones prietos y camisa por dentro (para ir luego a trabajar) me di cuenta que pensar no se puede hacer con la boca abierta y que con la boca abierta hay que tomarse las cosas con filosofía.
La sesión de hoy, de hora y media, ha acabado con la pregunta a duo de enfermera y dentista “has sufrido hoy, ¿eh?”. Aun derrotado no hay que reconocer las derrotas así que he contestado: “sí, porque aquí hace una calor …”. Y era verdad, así que sus sudores y los míos han hecho comunión y nos hemos deseado buen fin de semana.
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