Sarri, sarri
Cuando era pequeñín me respondían que “Birra, birra” era lo que quería decir Sarri, sarri. Bueno, uno ya está crecidito, pero le sigue gustando la canción. ¡Ha llovido!
Cuando era pequeñín me respondían que “Birra, birra” era lo que quería decir Sarri, sarri. Bueno, uno ya está crecidito, pero le sigue gustando la canción. ¡Ha llovido!
El pasado jueves por la tarde me explicaba Jordi la excursión que tenía preparada para estos días que hemos pasado en la Vilella Baixa (la New York del Priorat). Recalcaba sus argumentos con una página impresa de Internet, ilustrada con una fotografía calcada a esta:
Jordi siempre intenta que me olvide de mis diversas fobias y nunca lo consigue. Así que en la foto no aparezco yo, que sufro de vértigo. Cada día estoy más agradecido a esto de Internet.
Como contrapartida disfruté de una mañana soleada de paseo junto a mi hermano, cuñada y sobrina. Luego comiendo conejo al ast y jugango al Carcassone. Luego dejando que la soñolencia nos derrotara.
Por la noche, los excursionistas, los turistas y los que paseamos disfrutábamos de nuestra mútua compañía en la planta principal de la casa que tenemos allí. Mi pequeña sobrina se despertó asustada en el piso de arriba, en la misma habitación en la que pasé más miedo en mi vida. Así que a pesar de que era hora de estar durmiendo la chavala se bajó a ver cómo cenábamos. Me tocó a mi subir al piso de arriba, solitario, silencioso, frío, a buscar el cuchillo para cortar la tarta o lo que fuera. Se me olvidó lo que hice, solo sé que los pelos eran escarpias y que tenía tres bultos en la garganta, el ganglio hinchado y los dos cojones.
Un verano, cuando los tenía “pelaos” y aún me faltaban años para cortarme afeitandome, nos fuimos mucha gente a la casa de la Vilella Baixa. En el camino, en el maletero de un Renault 12 familiar, junto a varios criajos como yo, tuve por primera vez miedo a morir despeñado por el precipio que moldeaba las curvas que trazaba el coche. No fue el momento en que pasé más miedo de esas vacaciones.
Nos tocó dormir a mi primera enamorada y a varios criajos en la planta de arriba. En esos tiempos la casa olía a viejo y transpiraba a decrépito, los muebles aún resistían la batalla del Ebro y de las paredes colgaban crucifijos. Parecía la casa del ideal católico, la muerte*.
A pesar de eso mi edad me permitía licencias como la alegría, el optimismo y disfrutar a 40 grados a la sombra. Hasta que vi el cuadro. Hasta que el cuadro me miró. Primero parpadeó y luego me acusó con la mirada. Yo estaba estirado en la cama de matrimonio compartiéndola con un dormilón que no se daba cuenta de la situación. Desperté a mi enamorada, en el colchón más cercano, y le expliqué lo que pasaba. “Vanesa**, el quadre m’está mirant”. El cachondeo general fue el interludio a el silencio de las miradas desaprobadoras, acusadoras, del cuadro, a la total ausencia de parpadeos de la bodeguera que posaba en el papel. Cuando el cansancio me venció no conseguí tener ninguna pesadilla, no conseguí soñar con nada. Me bloqueó, me redujo a nada.
Estas vacaciones son como la mirada acusadora del cuadro. Me han reducido a nada, un lugar para empezar otra vez.
* Afortunadamente hoy se nota la mano de mi gemelo, de mi tío abuelo y de mi tía.
** Pronunciat amb essa sonora.
En noches bailongas y etílicas en el Razzmatazz solía decuajingar los huesos con esta canción, si no me había dormido al lado del bafle, claro (que uno nunca ha hecho uso de hiperestimulantes). A petición llegada directamente desde Holanda os dejo con el video de la canción, que tantos sudores ha costado encontrar (escribir “gay bar” en San You Tube):
Me has dejado tan impresionada de tu “speech”…
Últimamente cuando miro al cielo despejado, sin una nube, siento vértigo. Hay momentos en que desconfio de la gravedad, tengo la sensación que en segundos voy a dejar de padecerla y, entonces, escapar de la órbita terrestre. Y siento miedo, tengo miedo, soy miedo y me repongo.
Me voy 4 días a la Vilella Baixa, El Priorat, Catalunya, a disfrutar y pelearnos un rato con los amigos y parte de la familia. Tendré la suerte de probar un vino casero elaborado (y hecho) por mi primo que si no tiene nombre (el vino) es porque no le ha nombrado “Sangre de Vírgenes”. El vino se llamará así porque la casa está encantada, con lo típicos cuadros de retratos que te siguen con la vista y los murciélagos muertos en la chimenea, entre otras lindezas. Nos hechamos unas risas desmenuzando los detalles de su elaboración y nos descongojaremos bebiéndolo. Brindaré a vuestra salud!
PD: Se me borraron un par de posts, mis disculpas. Ponía que ya llebava tres años en esto del blogueo y tonterías. Hubo 26 comentarios que también se borraron, 26 disculpas ![]()
PDD: Sònia! tindràs públic el dia 19!
Tras una hora de estar boquiabierto ya no podía tener los ojos abiertos, necesitaba relajarme. No lo conseguía analizando la estructura de “Candle in the Wind”, que sonaba en el hilo musical, ni visualizando mis movimientos en el fútbol, como hago en la cama (para relajarme (hay que ser redundante)) después de un partido.
No ayudaba la enfermera que, de tanto en tanto, tenía a bien de apoyar su vientre en el mío mientras me introducía en la boca aparatos que no sé nombrar. Yo boquiabierto, ella, en mi costado, abierta de patas para trabajar mejor, sin pedirme, como hizo el primer día, que retirara el codo que se le clavaba en un lugar que, dado lo delicado de mi situación, ahora no sé precisar.
Mi riego sanguíneo estaba confuso. Entre las piernas de la enfermera, el dentista pidiéndome cada tanto que abriera más la boca, que no moviera tanto la lengua y que bajara mi cabeza un poco más y un amago de erección con pantalones prietos y camisa por dentro (para ir luego a trabajar) me di cuenta que pensar no se puede hacer con la boca abierta y que con la boca abierta hay que tomarse las cosas con filosofía.
La sesión de hoy, de hora y media, ha acabado con la pregunta a duo de enfermera y dentista “has sufrido hoy, ¿eh?”. Aun derrotado no hay que reconocer las derrotas así que he contestado: “sí, porque aquí hace una calor …”. Y era verdad, así que sus sudores y los míos han hecho comunión y nos hemos deseado buen fin de semana.