Estoy estresado y sé porqué pero se me olvida entre la una de la madrugada y las doce de la noche.
Creo que es por culpa del trabajo, más concretamente de los compañeros de trabajo. Tienen una particularidad propia del rango que ocupo: me mandan tareas contínuamente. Esto no me preocupa, lo tengo asumido, pero es que a veces dicen “por favor”. Aunque sepa que han ensayado la frase diez veces, cuidando la pronunciación (por favoor, dos oes, ni una más, ni una menos) y simulando que me miran a los ojos, el resquicio de humanidad que queda en mí, vibra. No tan fuerte como cuando haces el amor por segunda vez (con la misma persona) pero lo suficiente como para dar otra oportunidad al interlocutor de turno.
El primer día en este trabajo que me ocupa de 9:30 a 20:30 sangré pero no me manché la camisa. Tuve el arrojo suficiente para taparme la nariz a tiempo y pedir ayuda a los ordinados (que no son subordinados, es decir que están a mi altura (al menos a fin de mes)). Dos años después me desangro por dentro para no manchar la corbata y no pido ayudo a los mismos ordinados porque todos estamos igual y no es cuestión de ponerse a llorar mientras te peleas con el cliente enfadado con tu superordinado.
Le pedí al jefe supremo “oh Dios de la Tierra y parte del Universo, Hacedor de Nóminas y Pagador de Dinero en Negro, Sonreidor en Ocasiones Malas Para Uno Mismo, Fumador de Puros Que Guarda En La Nevera” que me dejara hacer las vacaciones hasta el día 29 de Agosto. ¡Le estaba pidiendo hacer más cortas mis vacaciones dos días!. Me dijo que lo preguntaría. Creo que me he de poner una falda más corta, bueno, quizás poniéndome falda se solucionaría todo (¡con derecho a paro!).
He estado metidando venganzas diversas. He renunciado a la de dejar de hacer gestiones personales de superordinados: me aburriría en el trabajo. Además me he imaginado dos o tres cientos de veces diciéndole a mi jefe que no me daba la gana de concertar cita con su sastre y me he sentido avergonzado solo imaginándole en calzoncillos y medias hasta las rodillas. Me he planteado, incluso, ser negligente pero a uno no le sale, como que le cuesta. Creo que es eso de levantarse por la mañana.
El trabajo tiene cosas bonitas, aunque cueste de creer. Sobretodo en el mio. Pero esto viene en el siguiente post.