Los otros andaluces
Manifiesto de “los otros andaluces” de Catalunya:
Nosotros debemos ser “los otros andaluces”. Algunos hemos nacido en Jaén o en Granada, o han sido nuestros padres los que nacieron en Andalucía y vinieron a vivir en Catalunya. A muchos de nosotros nunca se nos ha pedido nuestra opinión, ni nuestra intervención en cuanto que andaluces. Muchos de nosotros ni podíamos imaginar que alguien pidiera más subvenciones públicas para beneficio “nuestro” o, del mismo modo, intercediera en la política catalana en nuestro nombre. La mayoría de nosotros ni sabíamos que alguien nos podía usar como moneda de cambio para exigir privilegios, ni podíamos imaginar que en nuestro nombre, en cuanto que andaluces o hijos de andaluces, alguien reclamara a las administraciones públicas más dinero para nosotros, que lo que se pedía era en nuestro nombre.
Si decimos que somos los otros andaluces estamos denunciando que alguien se apropie de nuestra voluntad para satisfacer sus intereses particulares. Los otros andaluces nos indignamos cuando alguien quiere vivir de nosotros, los otros andaluces somos todos los catalanes que denuncian que una persona se otorgue, sin pasar por las urnas, la representatividad de la mitad de los ciudadanos del país, pida espacios público y dinero, también público, en nombre de una comunidad imaginaría que sólo se materializa en un minúsculo grupo de personas con la única pretensión de satisfacer los intereses económicos y políticos suyos y los de aquellos estamentos públicos y privados que los apoyan.
Durante los meses de abril y mayo de este año, coincidiendo con la celebración de la “Feria de Abril de Catalunya”, cuyos organizadores retrasaron las fechas para convertirla en pórtico del “Fòrum Universal de les Cultures”, los medios de comunicación recogieron opiniones encontradas al respecto.
Determinados artículos de prensa dieron a entender que las críticas a la “Federación de Entidades Culturales Andaluzas en Catalunya” (FECAC) por el exceso subvencionador de las instituciones públicas a este evento, así como por la falta de transparencia en la gestión de esos recursos económicos, eran un ataque al conjunto de los andaluces residentes en Catalunya, y al comprobar que el Sr. Francisco García Prieto, presidente de la mencionada federación, actúa —con el beneplácito de buena parte de la clase política catalana— como representante de todos aquellos que nacimos, o nacieron sus padres en Andalucía, y que crecimos en Catalunya; los que suscribimos este manifiesto, todos nosotros relacionados con la condición que da origen al caso, declaramos que
nosotros nos sentimos catalanes por derecho propio, porque así lo hemos decidido.
Este derecho nos lo otorga el trabajo llevado a cabo por nuestros padres y por nosotros mismos, codo a codo con las otras personas que ya residían en el territorio, y junto con los cuales hemos creado la Catalunya actual, la Catalunya real.
Aceptamos y afirmamos, por propia voluntad, la singularidad de la historia política de Catalunya y de su cultura, así como manifestamos que el catalán es, hoy, el mejor instrumento que puede cohesionarnos e identificarnos en un solo pueblo, unido y diverso, del cual nos satisface formar parte.No aceptamos que desde el paternalismo de los Pujols, o Maragalls u otros apellidos de la clase dirigente en Catalunya, nos deban autorizar, convencer o ratificar nuestra condición de catalanes, y negamos que alguien pueda otorgarse la facultad de intervenir, subscribiendo o no, células de catalanidad.
Tampoco aceptamos de ninguna manera que desde unas auto otorgadas y fantasiosas representatividades, los Garcías Prietos, Guisados, etc. puedan autorizar patentes andaluzas. Estas personas, en buena lógica, se representan a ellos mismos y a sus asociados.
Igualmente, no podemos transigir que alguien, bajo ningún pretexto, proyecte separar-nos del común del pueblo catalán, y pretenda representarnos política y o culturalmente como sector diferenciado, dentro del conjunto de la ciudadanía catalana actual. También censuramos a aquellos que por intereses electorales, o de cualquier otro orden, ayudan a que esta situación fraudulenta se consolide. A nosotros, como al resto de ciudadanos, hombres y mujeres individuales, solo nos pueden representar aquellos o aquellas a quien, observando la libre convocatoria de elecciones, se presenten para ser elegidos y avalados con nuestro voto, o con nuestro silencio.
Un ejemplo flagrante de mala gestión por parte de ciertos sectores interpretadores de la cultura oficial es el trato que se da (exceptuando Barcelona) al flamenco que se produce hoy en Catalunya. La difusión de este arte no es patrimonio —como suele suceder en gran mayoría de ayuntamientos— de les “casas regionales” o similares. La promoción del flamenco debe llevarse a cabo a través de los mismos canales profesionales que se utilizan para otros géneros musicales: clásica, rock, jazz, tradicional, afrocubana, etc.
Desde nuestra experiencia no creemos que la cultura popular conozca fronteras, así podríamos asegurar que la cultura popular catalana alcanza hasta Almería, y que la cultura popular andaluza llega a la Ligúria y Grecia, abrazando todo el arco mediterráneo occidental y oriental con las islas incluidas. Así como también la cultura popular de estos países se mixtura con las mencionadas culturas populares catalanas y andaluzas.
Estemos convencidos que la riqueza del arte flamenco que se está creando en la región metropolitana de Barcelona es otro de los elementos que penetra, favorece, y hace mas plural la cultura de nuestro país, Catalunya. A lo que sí nos oponemos es que determinados actos festivos, henchidos de tópicos y banalidades, puedan pasar a formar parte de la cultura catalana del futuro; de superficialidades y cortinas de humo con aspecto cultural de pésima calidad, ya tenemos suficientes.
Si los dirigentes políticos catalanes han creído que hasta el día de hoy la FECAC y su presidente han sido elementos de cohesión social, y por esa razón los han fortalecido con recursos públicos (otro asunto es el papel que hayan jugado las diversas entidades con sabor andaluz, individualmente, asociadas o no, a la federación), nosotros creemos todo lo contrario: solo cabe recordar los hechos de abril / mayo del 98, cuando el Sr. Francisco García Prieto se pronunció públicamente contra la “Llei de Política Lingüística”, tensó la cuerda al máximo y con total ausencia de comedimiento prohibía al Sr. Joan Maria Pujals, en aquel momento “Conseller de Cultura”, el acceso al recinto donde se celebraba la Feria de Abril, unos terrenos, por cierto, de propiedad municipal en Santa Coloma de Gramanet. La fanfarronería del Sr. García Prieto ocupó la escena política catalana y nadie supo colocar en su lugar a un personaje que fue capaz de desafiar a la institución que nos representa, el “Parlament de Catalunya” -donde se aprobó la “Llei” por una amplia mayoría-. Este señor, apoyándose en el miedo del conjunto de la clase política catalana, comenzando por el presidente Pujol, amenazó con dividir el país reuniendo un millón de firmas en contra de la mencionada ley. La astucia y presunción del presidente de la FECAC sumada a la indecisión de la clase política, provocó que el farol forzase al Sr. Pujals a ceder ante la exigencia de aumento en la contribución económica para la edición de la Feria de Abril de aquel año.
Si alguna vez alguien se ha planteado que la FECAC es un ejemplo de integración, nosotros certificamos que vive en un error, este modelo es una farsa: potencia los guetos, hace de la nostalgia un síntoma incurable, no proporciona votos, no favorece que Catalunya sea sinceramente bilingüe (de hecho, multilingüe), al contrario está al servicio de aquellos que negocian con los sentimientos, y es un arma con la cual, mediante el chantaje en el comercio electoralista, ha sabido inyectar el temor a la mayoría de los líderes políticos catalanes, con la finalidad de que se avengan a sus pretensiones, que no son otras que las económicas. Cualquier cuestión relacionada con la cultura, la diversidad, la cohesión social, el flamenco, la sardana, el asociacionismo popular, las sevillanas, o el fandango, les importa muy poco. La coraza esconde intereses económicos que bajo el barniz ingenuo de estar al frente de una federación de entidades culturales, aparece públicamente, como cuando echas un azucarillo en un vaso de agua, se disuelve sin dejar rastro. Pero debemos recordar que hay venenos que también, como los azucarillos, se diluyen, sin que por esto dejen de ser venenos.
Lluís Cabrera, Miguel Fernández, Carmen Gallegos, Jordi Morón, Pedro Morón, Bienve Moya, Manuel Olivas, Fernando Peregrín, Juan Miguel Portal, Marta Riera.

